Uno de los grandes rasgos que caracterizan a la raza humana es que tenemos el poder de decidir. Nathaliel Branden dijo una vez que nosotros somos la única especie que puede formular una visión de qué valores merece la pena seguir y entonces seguir los opuestos. Le doy la razón.

Muy poco sabe la gente corriente sobre la ciencia de tomar decisiones y sobre el papel tan crucial que estas juegan en la vida de todas las personas. Son tus decisiones las que han ido determinando lo que has sido hasta día de hoy y serán estas las que lo sigan haciendo en el futuro.

Aunque en la escuela te enseñaron algebra, biología, historia y lengua, nunca se te reveló que reglas aplicar cuando tuvieses que afrontar una decisión importante, ni cómo deberías enfocar los grandes dilemas de tu vida para poder salir airoso de ellos.

Podrás pensar que eso es algo que te enseña la vida. Claro que no. No tienes más que alzar la vista y observar a la gente de tu alrededor para darte cuenta de que sucede. Podrás ver cómo independientemente de la edad, el género, la cultura o la ideología de cada persona, existen individuos que deciden bien e individuos que deciden mal.

Algunos que entienden estas normas, toman buenas decisiones y lo están haciendo bien en la vida, y otros por el contrario van de mal en peor, errando en cada una de las decisiones que toman.

Tomar buenas decisiones es algo que en cierta medida se puede aprender. Lo de en cierta medida es importante. Cuando me refiero a que se puede aprender no me estoy refiriendo a que exista una formula exacta que te permita elegir siempre la opción correcta. Esto no existe.  En cada decisión, debido a la naturaleza de la misma, siempre está presente el factor incertidumbre.

Aun así, lo que sí puedes hacer es optimizar el proceso por el cual tomas decisiones. Entender que tuvieron en común todas esas decisiones acertadas que tomaste y aplicarlo al resto de decisiones que vayas a tomar. Crear una metodología con la que si bien no aciertes 100%, maximices las posibilidades de encontrar la opción correcta.

Conseguir que tomar decisiones, incluso cuando son complicadas, se torne algo mucho más fácil y agradable. De esto va este artículo, de aprender las bases que te lleven a encontrar las mejores opciones. ¿Prometo mucho? Compruébalo tú mismo.

Dos tipos de decisiones.

Antes de continuar es importante mencionar que existen dos tipos de decisiones en relación a la importancia de las opciones disponibles. Y que será en función del tipo, que apliquemos unas reglas u otras.

Por una parte están lo que vamos a llamar las decisiones intrascendentes, es decir, aquellas cuyas opciones no nos importan demasiado.  Por ejemplo, imagina que vas a un restaurante y te dan a elegir entre pasta, carne o pescado. Si bien tienes que decidir, no lo piensas demasiado porque a fin de cuentas, a menos que estés en una dieta o algo similar, las consecuencias de dicha decisión no afectan demasiado a tu felicidad. En el peor de los casos acabarás comiendo algo que te guste menos y disfrutarás igualmente de la velada.

En el otro lado, tenemos las decisiones trascendentes. Estas son las que contienen opciones que sí que afectan en gran medida a tu felicidad. Esas que hacen que te estreses y te estrujes los sesos pensando y repensando cual será de entre todas la opción correcta, y que ocurrirá con tu felicidad si te equivocas.

Cosas como seguir estudiando una carrera que no estás seguro de que te vaya a hacer feliz o abandonarla y dedicarte a otra cosa. Invertir 200 euros en un curso online ahora o ahorrar esos 200 euros para más un proyecto más adelante…

Realmente, lo que para una persona puede ser una decisión trascendente, para otra puede ser intrascendente. El punto no está en la decisión en sí sino en cómo afectan las diversas opciones de esta decisión a la felicidad de la persona.

Es importante distinguir unas de otras porque en tanto que en las primeras solemos decantarnos por aquello que sentimos sin pensarlo demasiado o sin tener en cuenta que ocurrirá si nos equivocamos, en las segundas, actuar de la misma forma podría acarrearnos problemas graves.

Es sobre estas últimas, sobre las decisiones trascendentes y que realmente importan, sobre las que voy a hablar más extensamente.

La clave para tomar decisiones.

Alguien dijo una vez que los grandes hombres se decantan por la que creen que es la mejor opción rápidamente y después son lentos en cambiar su elección, mientras que el resto de la gente hace precisamente lo contrario. Son lentos en decantarse por la que creen que es la mejor opción, y cambian muy rápidamente de opciones.

[Tweet “Decide rápido y cambia de decisión despacio. No al revés.”]

Esta pues, es la clave para tomar decisiones acertadas. Dejar el miedo y la inseguridad a un lado y elegir. Tomar la que creas en ese momento que es la mejor opción, por muy inseguro que estés de que lo sea, y tratar de ir con ella hasta el final.

Lo sé. Puede que ahora estés pensando: “¡Qué forma más tonta de cagarla!” Pero no es así. De hecho, mi experiencia me ha hecho entender la sabiduría que esconde este principio y ahora explicaré porqué:

Lo curioso de seguir este procedimiento, de aferrarte a una opción y tratar de ir con ella hasta el final es, primero que nada, que te fuerzas a ser sincero contigo mismo, a decidir y a dejar en claro lo que tú en tus adentros sientes que es lo mejor. Te ahorras toda la historia de yo quiero esto pero no está bien visto, y puede que esta persona no se lo tome bien y blablabla, porque a fin de cuentas uno acaba eligiendo lo que a uno más le conviene. Por lo tanto, qué mejor que ahorrarte ese tiempo que gastas tratando de racionalizar y convencerte de las cosas.

Lo segundo, y tal vez lo más importante, es que cuando tratas de convencerte de que una alternativa es la correcta y te decides a ir con ella hasta el final, en el momento en el que te lanzas y empiezas a tomar acción, te das cuenta de si realmente crees en ella, de si realmente es la mejor opción, o de si existe otra alternativa más favorable.

Mientras estás estancado en el no saber que elegir, pasando rápidamente de una alternativa a otra, todas parecen siempre igual de buenas e igual de malas. Igual de confusas. Por el contrario, en el momento en el que dices que vas a por una en concreto, y te lanzas, las cosas empiezan a aclararse y se hace evidente si la buena es esa u otra diferente. (¡De nuevo tomar acción nos salva el pellejo!)

En cualquier caso. La indecisión es la peor de las decisiones. Elegir la mejor opción debe ser algo casi instantáneo. Se te presentan varias opciones y tú eliges la que de repente sientes y sabes que es mejor.

Si no sabes cuál es la mejor entonces es porque no tienes suficiente información, y de ninguna forma, darle vueltas y vueltas en tu cabeza va a hacer que te llegue esa información de la que careces.

Por tanto, y como siempre. La clave está en tomar acción. En hacer algo, más que en quedarse quieto sin hacer nada, esperando a que las cosas se aclaren un poco. Las cosas no se aclararán a menos que tú hagas algo para aclararlas, y en el caso de las decisiones, tratar de ir hacia delante con una opción es la mejor forma de aclararlas.

Tomas acción y aciertas o en el proceso te das cuenta de que estás fallando y cambias a la opción que realmente deberías haber tomado. Pero no puedes saber cuál la mejor opción si no das el paso. Deja de decidir despacio y decide rápido. Deja de cambiar de decisión rápidamente y tómate tu tiempo cada vez que quieras cambiar de alternativa.    

¿Demasiado simple? No importa.

Aplica esta regla las próximas veces que estés indeciso ante una decisión y te sorprendas deambulando de una opción a otra. Abandona la indecisión y ve hacia delante con la opción que de primeras sientas que es la correcta. Hazlo, observa que ocurre y ven a contarme cómo te ha ido. (directo a los comentarios)

Estoy 100% seguro de que vas a acabar escogiendo la opción correcta en tiempo récord y sobre todo que te va a cambiar la forma en que a partir de ese momento tomes las decisiones.

Con que esta idea te ayude la mitad que a mí me ha ayudado ya me doy por satisfecho.

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1Saludo, Saül.